Naturaleza en el Valle del Guadalquivir

 

 

A los dos espacios anteriores hay que unirles los Montes Comunales de Adamuz, con casi 3000 hectáreas de pinares, así como los parques perirubanos de Villafranca, Posadas, Guadalcázar, Montoro y Palma del Río, lo que evidencia aún más, si cabe, un abundante y vasto Patrimonio Natural.

El patrimonio hidráulico se erige como un atractivo único y de especial interés. Saltos de agua, acequias, azudas y puentes, se suceden en el recorrido del Río Guadalquivir como observadores impertérritos del paso del agua por esta tierra. Numerosos senderos recorren la variopinta naturaleza que alberga el Valle del Guadalquivir, ya que en esta franja territorial podemos disfrutar de campiña, vega y sierra.

Los pueblos del Valle del Guadalquivir se caracterizan por ser eminentemente agrícolas, pero también podremos encontrar un buen número de zonas o puntos concretos que, precisamente por su singularidad y rareza, merecen ser conocidos y disfrutados por todos, como son puntos de observación de aves, arboledas singulares, paisajes, monumentos geológicos o naturales, etc.

Para ello el Grupo de Desarrollo Rural del Medio Guadalquivir ha ideado unos senderos a lo largo del Valle del Guadalquivir, como son el de las Vías Pecuarias de Bujalance, la Ruta de las Pinedas, el Arrecife ye el Parque de la Torrontera o la Ruta por la Campiña de Cañete de las Torres.

Pero hablar del Valle del Guadalquivir es, además, hablar de un valioso entorno natural matizado por una eminente riqueza ambiental y paisajística que harán las delicias del visitante.

A través de dos de sus afluentes, el Yeguas y el Bembézar, el Río nos abre las puertas de dos grandes espacios naturales de inigualable riqueza paisajística y faunística, representantes genuinos del bosque mediterráneo: el Parque Natural de Cardeña-Montoro y el de la Sierra de Hornachuelos.

Sendos espacios que, adornados con miles de hectáreas de naturaleza, hacen posible e invitan, por igual, al desarrollo de rutas de singular belleza, haciendo gala de una flora presidida por alcornoques, encinas, acebuches, quejigos; o la jara, el lentisco o el brezo; sin olvidar una fauna de lo más variopinta con especies como las águilas reales, los buitres negros o incluso el amenazado lince ibérico, entre otras muchas de un alto valor. En definitiva, espacios únicos para los amantes de la naturaleza.

Por otro lado, la especial abundancia con que ciervos y jabalíes pueblan estos parques naturales, hace que se constituyan en verdaderos santuarios para la caza mayor. Sin lugar a dudas, el Río y su Valle constituyen la razón de ser de esta comarca, y el Agua, la compañera infatigable del viajero.

En el Valle del Guadalquivir, al gran Río se le unen sus numerosos afluentes y embalses. Embalses que hacen posible el riego de todo el valle, procurando fertilidad a sus tierras y que ofrecerán, además de pintorescos espectáculos visuales, escenarios en los que el Agua hace las veces de anfitrión, para ofrecer al viajero un sin fin de posibilidades para la práctica de los deportes náuticos, un paraíso para la pesca o, simplemente, para el disfrute de un paseo en barca.

Y la oferta es numerosa: El Bembézar, el Yeguas, el Martín Gonzalo, el Embalse del Salto, el Arenoso, el del Retortillo o el de la Breña, jalonan el Valle del Guadalquivir de estos remansos de agua. La proliferación de infraestructuras para la práctica de turismo acuático a lo largo del Valle del Guadalquivir, así como las posibilidades que ofrece tanto el río como los embalses del mismo, convierten a esta zona en privilegiada para la práctica de piragüismo, paseos en barco o ski acuático entre otros.

Comments are closed.